domingo, 27 de septiembre de 2015

La metamorfosis, de Kafka

Leo La metamorfosis de Kafka. Por cuarta vez. Es un relato magnífico, perfecto en su sencillez. Kafka explica lo que es sentirse extraño en la propia casa, entre la propia familia, y cómo los deberes hacia ella conviven en contradicción con el desprecio de aquellos a los que se ama y admira.
Introduciendo un único elemento fantástico, pero ¡qué elemento!, la transformación de Gregorio Samsa en insecto, vemos cómo la familia burguesa se comporta ante lo distinto: al principio se ocupan de él, sí, pero le ocultan y, con el paso del tiempo, le desprecian y hasta deciden prescindir de él. Muy interesante en este sentido es el pensamiento de la hermana acerca de que debería salir de él mismo el desaparecer y dejarles en paz.
También la sociedad le da la espalda: el enviado de su jefe simplemente huye al ver su transformación; la segunda chacha le llama bicho y le tortura; y los tres huéspedes, símbolos de la autoridad, consideran que su mera presencia hace indigna a la toda la casa.
Hay una escena a la que nunca le di importancia, y es la que explica que se ha aficionado a corretear por paredes y techo. Es una consecuencia lógica de su transformación, claro, pero también es un símbolo, como todo: él, Gregorio, hace ahora cosas increíbles, se escapa de la vulgaridad del suelo, se eleva por las paredes. Sin embargo, lo que debería ser motivo de admiración, solo produce un rechazo aún mayor incluso en su propia madre.
Son dos los pecados de Gregorio Samsa: haber cambiado, ser ahora distinto, por un lado, y por, otro, y como consecuencia, haber dejado de ser el sostén económico de la casa.
Extravagante e improductivo. En este mundo no se puede ser nada peor.   

viernes, 25 de septiembre de 2015

La condesa sangrienta, de Pizarnik

Leo La condesa sangrienta, texto de Alejandra Pizarnik que empezó siendo una reseña literaria pero pronto se convirtió en un extraño canto a la condesa Báthory, una aristócrata húngara del siglo XVI de la que se dice que asesinó a más de seiscientas jóvenes para hacerse con su sangre.

Pizarnik no se deleita con los crímenes, aunque tampoco los obvia: simplemente se deja llevar por la fascinación de un personaje a la vez sanguinario y sofisticado en una prosa de gran precisión a la que adorna de sutiles pinceladas líricas.

La edición que he leído está ilustrada por Santiago Caruso. Sus dibujos, magníficos, mezclan el goticismo de Nosferatu, la frialdad de un libro de anatomía y la extrañeza surrealista de lo onírico.   

viernes, 11 de septiembre de 2015

Prototipo, Arquetipo, Antitipo, de König

Prototipo es la versión que el genial de Ralf  König ha hecho del Génesis bíblico. Y lo hace de un modo sorprendentemente divertido y profundo. Adán; Luci, la serpiente; y la voz de Dios, que viene de arriba, son los tres personajes casi únicos (solo al final se les unirán Eva, Caín y Abel) de unos diálogos filosóficos que mezclan magistralmente los mitos hebreos con lo más granado del pensamiento occidental. Desde el comienzo, cuando la serpiente, viendo al hombre, con pinta de bestia, le cuestiona a Dios que ese mono sea su imagen y semejanza, el tebeo desmonta todas y cada una de las tonterías bíblicas. Dios, un tipo inseguro que va haciendo experimentos sobre la marcha, es del tipo de deidad que solo existe si creen en él. Absolutamente genial. 

Arquetipo viene a ser la continuación de Prototipo. En esta ocasión König nos cuenta la historia de Noé y su arca en clave ecologista. La verdad es que si Prototipo estaba abarrotado de ideas, Arquetipo solo tiene una: el diluvio no ocurrió más que en la imaginación de un Noé integrista e hipócrita que quería el fin del mundo por su depravación. Dios y el demonio se ponen de acuerdo para hacerle creer que, en efecto, el diluvio ha caído: entonces Noé se da cuenta de la barbaridad que es, se da cuenta de lo maravilloso que es el mundo y se arrepiente. Moraleja: el hombre, a punto de hacer algo parecido, debe aprender a valorar el mundo y cuidarlo. Flojito

Antitipo es la tercera y última parte de la trilogía que König le dedica a la cosa bíblica. En esta entrega se pasa al Nuevo Testamento y se ceba con Pablo, al que pone de lo que era: un misógino, frustrado y paranoico elemento que se apropia de la imagen de Jesús y organiza una nueva religión a imagen y semejanza de sus muchas taras psicológicas. Mola porque se ríe de él todo lo que puede confrontándole con los griegos, pensadores y vividores. Pero hecho de menos que hubiese rubricado la historia con alguna reflexión acerca del porqué de su éxito.

Resumiendo: no te pierdas Prototipo

jueves, 10 de septiembre de 2015

Reflexiones sobre la posmodernidad, de Sánchez Usanos y Jameson

Leo Reflexiones sobre la posmodernidad, una conversación de David Sánchez Usanos con Frederic Jameson en la que repasan algunos de los grandes temas de la posmodernidad. 

Me llama la atención el punto de vista de Jameson por el cual hay lo importante no es apoyar o despreciar la posmodernidad, sino ver cómo podemos hacer cosas buenas con ello. A fin de cuentas, somos posmos, querámoslo o no. Se afirma sin tapujos la muerte de la novela, por estar esta eminentemente temporal, siendo esta una época espacial, una época visual en el que el cine lo impregna todo. La cultura es vista como síntoma y como herramienta política, aunque esta solo funciona si la gente no sabe que es política. Lo que sí funciona es el arte popular. Jameson opina que si llega es porque tiene algo. Y que cada vez es mejor. Puede que tenga razón, pero no entiendo que no vea la distinción entre alta y baja cultura cuando él mismo, al escribir, está haciendo alta cultura. Otra cosa es que sea más minoritaria que nunca, pero no existir…


Una conversación estimulante.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Bernd Alois Zimmermann

Zimmermann tocó muchos palos y, como buen posmoderno, hizo uso del pastiche: un ejemplo magnífico es la Musique pour les soupers du roi Ubu, una animosa y divertida pieza repleta de citas musicales.


También supo incluir en sus composiciones influencias de estilo populares, como el jazz. El ritmo de concierto de trompeta Nobody knows the trouble I see es irresistible.

martes, 8 de septiembre de 2015

Destino, de Nückel

Destino, de Otto Nückel, es una novela sin palabras contada mediante doscientos grabados al plomo. Cuenta la vida de una mujer y cómo el mundo le empuja una y otra vez a la explotación, la miseria y la soledad. Los grabados son aparentemente sencillos, pero la forma de narrar de Nückel te obliga a detenerte en los dibujos para extraer la información necesaria. Entonces te das cuenta de la profundidad de las imágenes.


Magnífica.

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Qué he hecho yo para merecer esto? , de Pedro Almodóvar

La película, por la que desfilan personajes propios del universo de Almodóvar (ama de casa enganchada a las pastillas; antiguo emigrante nostálgico y machista; hijo chapero; hijo camello; abuela egoísta; vecina puta; psicólogo loco; dentista pederasta; policía impotente; escritor tramposo; escritora cleptómana), no es más que una sucesión de ocurrencias con las que el autor pretende hacerse el gracioso pero que solo consigue despreciar frívolamente el drama que podemos imaginar bajo cada uno de ellos.  

Se aprecia descaradamente la estructura de autocitas de la película: la mitad del metraje nos presenta imágenes absurdas cuya única justificación es servir de base para el posterior gag, este definitivamente idiota.

De todo el guion la única idea dotada de cierta originalidad es que la protagonista, tras matar al marido de un golpe de hueso de jamón, haga un caldo con él. Con el hueso. Lástima que ya apareciese unos años antes en el relato Cordero asado de Roald Dahl.

Nunca he entendido lo que le ve la gente a Almodóvar. Por ahí fuera supongo que creerán estar ante una muestra del exotismo español. O quizá que bajo todas esas chorradas se esconde algún tipo de simbolismo, aunque, por supuesto, no es el caso. Pero, ¿y aquí dentro? ¿Qué le ve la gente a Almodóvar que no estuviese ya en las películas de Pajares y Esteso?


Calle mayor, de Bardém

Estamos en una ciudad de provincias española. Los jóvenes señoritos del pueblo no tienen otra cosa que hacer que beber, ir al cinema, pasarse por el barrio viejo, eufemismo de la casa de putas, y gastar bromas.

La nueva broma es que uno de ellos engañe a una conocida solterona, convencerla de que sí, de que se quiere casar con ella para, al final, en el baile anual, descubrir la broma y echarse unas risas.

La bajeza moral de la burguesía; el tedio como fuente del mal; y la doble pena que sufre la mujer, condenada a esperar o a convertirse ella misma en censora de las otras mujeres, resulta espeluznante.

Una magnífica película de Antonio Bardém.

martes, 1 de septiembre de 2015

Haken: Darkest Light

A mí me va el prog de Yes o King Crimson, o el neo-prog de IQ, pero he de confesar que el prog-metal se me hace pesado, Sin embargo, como casi siempre, hay excepciones. Una es Dream Theater, claro. Otra, más modernita, es la banda Haken. Aquí os propongo una de sus últimas cosas: se titula Darkest Light y tiene algo, tirando de Lovecraft, ominoso.

No apto para cardiacos.

sábado, 29 de agosto de 2015

Musée de Grenoble

El museo de Grenoble es un museo menor, pero tiene piezas interesantes. Como ejemplo, propongo este magnifico Léger: La danza.

Musée des Beaux-Arts de Lyon

Un museo extraordinario y elegante el de bellas artes de Lyon. Las piezas egipcias, griegas y romanas son magníficas. Y muy completa la colección de maestros antiguos, aunque la que más he disfrutado ha sido la colección de las vanguardias. Propongo tres obras: Pesadilla de Janmot; Bañista de Picasso y Medusa, de Jawlensky.




lunes, 17 de agosto de 2015

Garras de ángel

Garras de Ángel es una obra erótico-mística de Jodorowsky y Moebius. Jodo es un lúcido que pasa por loco, mientras que Moebius era un loco con lucidez en la mirada. Así se entiende la rara combinación de los textos de Jodorowsky, siempre algo tramposos en su combinatoria, con las imágenes de Moebius, poderosas, cautivadores e inquietantes. Lo que uno imagina pero, seguramente, no cree, el otro lo cree y le da forma.

Viaje iniciático y de liberación, viaje onírico, surrealista, lo de menos es lo que dice: lo que realmente cuenta es la inmersión que nos ofrece en las inconfesables complejidades del deseo, el sexo y la existencia. 

Siempre me pregunté por qué no habían repetido la experiencia de Los ojos del gato. Resulta que sí lo hicieron.  

Valentina

Valentina es una heroína de los años setenta con el mismo corte de pelo que el Príncipe Valiente y que se llama Valentina...

Liberada, moderna, fotógrafa, muestra la mezcla de erotismo, marxismo y psicoanálisis con la que la intelectualidad de la época le gustaba identificarse. Aunque, en retrospectiva pueda resultar algo naif, sus historias sin relato, sus paseos por el subconsciente con el culo al aire, su lucha con los subterráneos, sus inclinaciones sado-maso, y su frivolidad contenida, siguen resultando cautivadores.

Lo dicho, una heroína. Y Crepax, su autor, uno de los grandes.

domingo, 16 de agosto de 2015

Español

El toreo me parece un residuo de tiempos más bárbaros; soy ateo y estoy muy, muy alejado del catolicismo; el flamenco, en general, no me gusta. ¿Esto me hace ser un mal español? ¿O no serlo en absoluto?

La verdad es que no tengo unos sentimientos patrióticos muy intensos. Estar particularmente orgulloso de tu lugar de nacimiento y de su cultura me parece señal de que ignoras tanto lo tuyo como lo de fuera. De una forma algo vagarosa me puedo ver más cerca del modo de vivir mediterráneo que del germánico, pero eso no quiere decir que no aprecie los valores germánicos en otros muchos aspectos de la existencia.

De hecho, si somos rigurosos, cuando hablamos de lo español o de lo germánico estamos incurriendo en generalizaciones difícilmente sostenibles. Costumbres, medias estadísticas y mitos urbanos dan lugar a estereotipos nacionales muy útiles para hacer chistes pero, sobre todo, para ver en cuánto se desvía de él la gente que conocemos.

¿Soy español? Bueno, lo que no soy es alemán. Tampoco soy coreano, ni neozelandés, ni kuwaití, de modo que, por eliminación, debo ser español. Venga, seamos serios: para poder responder con rigor a semejante pregunta hay que especificar en qué sentido hablamos de ser español. Uno sería el jurídico. Desde ese punto de vista es un hecho que lo soy: tengo un pasaporte que, en el apartado nacionalidad, dice que lo soy, así que punto pelota. Otro sería el genealógico: mis ancestros, hasta donde sé, que no es mucho, se consideraban a sí mismos españoles. Otro es el sentimental: como he dicho, no siento amor por España, aunque, si hago un poco de introspección, no puedo negar que me veo como español. Otro más sería el de proximidad al tipo nacional: en este sentido la cosa no cuadra: a lo ya indicado acerca de los toros, el catolicismo y el flamenco, añadiría que me gusta madrugar, que me aburre profundamente el fútbol y que odio los sitios ruidosos, así que… El punto de vista más importante pienso que es el lingüístico: mi lengua materna es el español, en concreto el español que se habla en Castilla, y a través de esa lengua me han llegado tradiciones, pensamientos, formas de vivir y de entender el mundo, carga de la que, en buena parte, he conseguido desembarazarme intelectualmente, pero que no deja de constituirme, aunque sea negativamente (tan importante es lo que eres como lo que has dejado de ser). 

Hay más, claro que sí, mucho más: el lugar de nacimiento (Madrid, así que sí); la historia que se siente como propia (no me veo en absoluto hijo del catolicismo, la monarquía y del “que inventen ellos”); el sentimiento de pertenencia al grupo (pues no); la cultura que se vive como propia (en esto soy sin duda extranjero), etc., etc. En cualquier caso, lo que parece obvio es que la respuesta a ¿soy español? no siempre tiene la misma contestación. Quizá los muy nacionalistas lo sean precisamente porque en ellos todas las contestaciones son coincidentes. En casos así entiendo que sea muy difícil discernir unos planos de otros, pero eso no quiere decir que no existan y, lo más importante, que no existamos los que no vivimos esa unanimidad.

Otro asunto es el semántico. Estoy hablando de ser español, pero no tengo nada claro que todos entendamos lo mismo por ser español. Pensemos en un andaluz que se sienta muy español. ¿Qué entiende él por ser español? Quizá si intentase definir el concepto viese que su imagen de lo que es ser español tiene más que ver con ser andaluz, o sevillano o, incluso, con ser del barrio de Triana, que con ser de Soria. A lo que voy es que muchas veces nos creemos las palabras y creemos que existe eso de “ser español” más allá de lo jurídico, cuando la verdad es que reconciliar las formas de ser (y sigo usando generalizaciones) de andaluces, castellanos o gallegos es bastante difícil.
También pasa en el otro sentido. Cuando un catalán que no se siente español habla de lo español, ¿a qué se refiere? ¿A eso que tenemos en común castellanos, andaluces, gallegos, cántabros, extremeños, murcianos, aragoneses, valencianos, etc., etc.? ¿Y eso qué es?

Otro asunto es el de la política. Aquí hay que concretar. Me irrita profundamente el uso que del nacionalismo hace, por ejemplo, el PP, para exacerbar los sentimientos anticatalanes de la gente. Me irrita profundamente el uso que del nacionalismo hace Esquerra Republicana para exacerbar los sentimientos anticastellanos de la gente. Me irrita, en general, que se usen los sentimientos para hacer política. La gente tiene derecho a sentirse como le dé la gana, española, catalana o marciana. Tiene derecho a sentir dos cosas, las tres o ninguna. Tiene derecho a hablar en la lengua que le venga en gana. Tiene derecho a pensar que un estado grande tiene más ventajas que dos más pequeños, lo mismo que tiene derecho a pensar que un estado-nación tiene más ventajas que uno plurinacional. La gente tiene derecho a creer en el principio de autodeterminación o en el de la soberanía compartida. La gente tiene derecho a ser anarquista, federalista, europeísta o lo que le venga en gana (sí, también fascista: ni los pensamientos ni los sentimientos puede limitarse por ley: otra cosa es que los demás hagamos leyes para impedir que esas ideas se materialicen). Que toda esa gente que cree en esas cosas esté equivocada o no es otra cuestión. De hecho, posiblemente todos estén  equivocados y todos tengan razón en parte, porque el mundo es tan complicado que no tiene soluciones perfectas y globales. Por eso solo cabe negociar, solo cabe buscar los puntos de encuentro y, si no los hay, intentar que las rupturas sean lo menos dolorosas posibles.

Insisto: la gente tiene derecho a pensar y sentir como lo venga en gana. Lo que es absurdo es tomar decisiones políticas con las tripas. Uno se puede sentir igualmente español o catalán con Cataluña integrada en España o separada de ella. Porque, como con las personas, una cosa es lo jurídico y otra lo sentimental. Porque ser, por ejemplo, jurídicamente europeos, no choca con que la gente siga sintiendo el mismo apego de antes a su patria chica. Porque, imaginar esto es un ejercicio interesante, si mañana Cataluña, o el Bierzo, ya puestos, se independiza de España, al día siguiente, cuando nos levantemos por la mañana, ¿qué cambiará en las vidas de unos y otros? La economía, por supuesto: tendrá que reequilibrarse. Y también el equilibro de poder en Europa. Pero, ¿y en el pecho?, ¿y en los sentimientos? ¿La gente se sentirá distinta? Bueno, claro que sí: unos estarán encantados de la vida y otros se sentirán heridos en lo más hondo. Pero dejemos pasar unos días, unas semanas quizá. ¿Qué pasará? ¿Cambiará mucho la vida del obrero, del profesor, del ingeniero? Sí, habrá cambios, repito: económicos, políticos, cambios prácticos que son importantes y en los que hay que pensar, claro que sí. Pero el gran esquema de las cosas no cambiará, seguirá siendo el mismo: unos cuantos políticos se dedicarán a sus juegos de poder; unos cuantos poderosos usarán sus influencias para obtener beneficios, y la inmensa mayoría nos seguiremos dedicando a subsistir. Con esto no quiero decir que esté a favor o en contra de la independencia: lo que quiero decir es que no es tan importante; que, se produzca o no, la vida seguirá siendo muy parecida para casi todos y que, por tanto, conviene no tomarse estas cosas muy a pecho.

¿Soy español? Sí, aunque ello, más allá de que me sujeta a una cierta legislación, la española, no suponga demasiado. ¿Estoy a favor o en contra de la independencia de Cataluña? Pues, sinceramente, me da igual. En el momento histórico en el que nos encontramos, con el descubrimiento de que la Unión Europea es un fraude; con el planeta echado a perder; con el crecimiento de la población desbocada; y con la economía mundial en manos de los mercados, la unidad de España me parece que no tiene la más mínima importancia. Pero, ¿de verdad me da igual? Pues depende: si las fronteras siguen abiertas como ahora y puedo seguir pasándome de vez en cuando por Barcelona, como ahora; si el cava y la butifarra siguen circulando sin problemas, como ahora; y si a nadie se le ocurre sacar los tanques a la calle; pues sí, a mí me da igual que haya un estado, dos o diecisiete. A fin de cuentas, manda la Merkel…

Los sentimientos de pertenencia son importantes para la propia definición del individuo. Pero no nos creamos las esencias. La historia, las tradiciones, las fiestas, las costumbres, incluso la lengua, todo eso es contingente. Como seres humanos es más lo que nos une que lo que nos diferencia. Dicho esto, diré también que todas las opciones políticas son válidas, incluido el divorcio.



PD: La verdad es que iba a hablar de toros a raíz de la aparición de uno que antes era rey en una plaza de toros defendiendo la, según algunos memos, fiesta nacional, pero una cosa lleva a la otra y…

jueves, 13 de agosto de 2015

Erwin Schrödinger and the Quantum Revolution

John Gribbin es un divulgador de los grandes: sabe provocar en uno  la ilusión del conocimiento, sabe, sin caer en simplismos y con cierto rigor, hacerte creer que estás entendiendo de qué va el asunto. Incluso provoca querer saber más: es entonces, cuando pasas a las ecuaciones, cuando  descubres que era todo ilusión, pero, ¿qué es la vida, sino ilusión?

En cuanto a la historia que cuenta, la de la revolución cuántica en general y la de Schrödinger en particular, fascinante: aquellas primeras décadas del siglo XX constituyen uno de los periodos más creativos y revolucionarios de la historia del pensamiento humano. En pocos años la forma de ver el mundo que heredamos del viejo Newton se puso patas arriba: la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica de Plank, Bohr, Heisenberg, Schrödinger y compañía nos explicaron que todas nuestras intuiciones, que todas nuestras nociones sobre el espacio, el tiempo, la causalidad, la simultaneidad, la individualidad y hasta la propia realidad eran burdas simplificaciones producidas por los sentidos groseros de unos seres macroscópicos: los humanos.

Parte de esta historia, de esta revolución, es la que es la que se cuenta en este libro. Si, además, lo aderezamos todo con los sobresalientes líos amorosos de Erwin, tenemos un libro redondo.

domingo, 2 de agosto de 2015

From Hell

Leo From Hell, de Moore y Campbell. El don de Moore para contar historias es increíble. Da igual de lo que hable. Aunque sea de algo tan manido como Jack el Destripador. Recrea lo que toca y le da profundidad, con esa mezcla de historia, esoterismo y magia suya tan particular. El paseo por la arquitectura secreta de Londres, por ejemplo, es magistral.

En cuanto al dibujo de Campbell, es perfecto para contar el relato de Moore: austero, riguroso, diría que severo, como lo es la propia composición de las páginas. Solo tengo una duda: su frecuente despreocupación por las caras, ¿es un rasgo estilístico o pura pereza? 

**


Pocos días después veo From Hell, película de los Hughes brothers basada en el tebeo de Moore y Campbell. No voy a entrar si es mejor el libro o la peli, porque sería insultante: la película, visualmente muy atractiva, tiene un guion idiota. Da la sensación de que los hermanos no han entendido nada del tebeo o, quizá, que no les ha interesado en absoluto, porque cogen lo que les parece, lo cambian a su antojo, y se olvida de lo importante. El cambio en el personaje del detective es de juzgado de guardia (se quejó Moore: del tipo rudo que él escribió pasamos a un guaperas bebedor de absenta). Que haya un romance entre él y la puta Kelly ya es de sonrojarse. Que Gull sea un tipo pequeñajo al que se le ponen los ojos negros no tiene nombre. Y que las putas sean tan poco putas…, pues eso, dulcificador.  

miércoles, 15 de julio de 2015

Si Grecia se va, yo me apunto

Groucho dijo aquello de que no pertenecería a un club que le admitiese como socio. Lo que nunca me quedó muy claro es si querría ser de uno que no le admitiese. Quizá sí, por aquello de molestar y por mor de la paradoja. Pero yo no.

No sé qué hay detrás de la claudicación de Chipras. No tengo ni idea y, por lo que leo, muchos de sus compañeros de partido tampoco, lo cual es preocupante, porque indica lo de siempre, que las verdaderas razones de la política nunca se conocen. Pero lo que sí sé es que los modos que se está gastando la Unión Europea con Grecia son intolerables. La desconfianza hacia sus gobernantes, la falta de empatía con la situación de sus ciudadanos, la humillación a la que están sometiendo a un país por haber cometido el pecado de votar a un partido de izquierdas y el desprecio y hasta la inquina con la que han reaccionado al referéndum, no son propios ni de gente civilizada ni, desde luego, de unos socios. Más bien recuerda a usureros mafiosos y a enemigos.   

Ahora el FMI dice que el tercer recate no va a servir para nada porque la deuda que tiene Grecia es impagable. Acabáramos. Eso ya lo sabíamos. Pero, ¿entonces?, ¿qué pretenden? En cualquier otro ámbito económico, cuando el deudor no puede pagar, los acreedores negocian con él la deuda, la reestructuran, incluso se realizan quitas de dicha deuda. Pero en este caso la Troika ha preferido estrangular a Grecia. ¿Por qué? ¿Cómo castigo? ¿Por qué pecados? ¿Desde cuándo el asunto de los dineros se ha convertido en un tema moral?

Cada vez está más claro que Grecia acabará fuera del euro. Ahora mismo no podrían, según Chipras, pero parece claro que, a la larga, si nada cambia, será la única salida. Si eso pasa, yo voto porque nos vayamos con ellos. No de  Europa, porque eso es absurdo: Grecia y España son Europa, diga lo que diga Alemania y el FMI, sino de unas instituciones antidemocráticas dominadas por intereses económicos bastardos que han demostrado, además, una torpeza inimaginable al no tener previsto qué pasaría si las cosas iban mal. Porque no lo tenían previsto, no tenían prevista una crisis. Pensaban que lo estaban haciendo tan bien que no era necesario hacer planes para crisis así. Se puede ser más malo, pero no más tonto.

Eso sí: cuidado con los acuerdos que se obliga a firmar al perdedor, porque las consecuencias pueden ser terribles. Los aliados impusieron a Alemania el Tratado de Versalles, y luego vino la Segunda Guerra Mundial. No digo yo que Grecia le vaya a declarar la guerra a Alemania, pobrecillos, pero por algún sitio se empieza.


Putin la debe estar gozando.  

lunes, 6 de julio de 2015

El referéndum griego

Referéndum viene directamente del latín referendum, que es el gerundivo de referre, y que quiere decir ‘volver una cosa al punto de partida’. En un referéndum político, el punto de partida es el pueblo, y lo que se devuelve es algún asunto sobre el cual el gobernante no se ve autorizado o legitimado para decidir.

Pues eso es lo que han hecho en Grecia: ante unas propuestas europeas que nada tienen que ver con lo que el partido de Syriza llevaba en su programa electoral, el gobierno griego decidió hace poco más de una semana preguntarle a la gente: ¿aceptamos la propuesta europea o no?

Tres cosas:
1.      Me sorprende (en realidad no) que tantos dirigentes europeos y tanto político nacional se hayan indignado por la convocatoria del referéndum. Alguno de ese partido que se niega a condenar el franquismo ha llegado a poner en duda el carácter democrático de los referéndums señalando que las dictaduras los usan mucho. Lo que se les olvida decir de los referéndums de las dictaduras es que en ellas no se permite hacer campaña en contra de la contestación propuesta por el dictador. Pero en Grecia cada cual ha podido decir lo que le parecía. También se les olvida comentar que en Suiza, país rico y democrático, hacen montones de referéndums por cualquier cosa. Y, sobre todo, se les ha olvidado explicar por qué es malo preguntarle a la gente sobre qué es lo que quiere. Les han llamado a los de Syriza irresponsables y populistas por preguntarle a su gente. ¿Por qué? ¿Por qué es irresponsable? ¿Es que el pueblo no es de fiar? ¿Es que la soberanía no es suya?
2.      Me dan envidia. Me hubiese gustado que el expresidente Zapatero, cuando recibió un telefonazo de alguien que le dijo que había que cambiar el rumbo económico del país y empezar a hacer recortes, nos hubiese preguntado qué nos parecía hacer lo contrario de lo que había dicho en campaña electoral. Como me hubiese gustado que el actual presidente, Rajoy, antes de subir el IVA que dijo que no iba a subir, nos hubiese preguntado. Y me gustaría, ya que aquello no se hizo, que nos explicasen por qué no lo hacen. ¿No creen en la soberanía popular? ¿No creen en la palabra dada? ¿O es que no les dejan?
3.      Estoy encantado con el resultado del referéndum griego. Estoy encantado de que alguien le diga que no a esta Europa secuestrada por el dinero. Estoy encantado de que haya más política, y no menos, de que el poder vuelva a los representantes de los ciudadanos y no se quede en manos de los mercados financieros. Estoy encantado de la cara que se les ha quedado a los defensores del pensamiento único, a los profetas de la fe neoliberal.


Con esto no quiero decir que sea optimista. No lo soy. Hay mucho en juego y los malos siguen siendo más fuertes. Y capaces de todo: lo han demostrado muchas veces. Pero, al menos, hay resistencia. Al menos hay algo de dignidad. Los de Syriza lo han dicho: luchamos por la dignidad de Europa. Y tienen razón, porque la Unión Europea es algo indigno y monstruoso, un Goliat que necesita una pedrada de David (dicho esto en modo figurado, ojo, que luego te dicen que haces apología del terrorismo y te procesan). 

El artefacto perverso

Veo que han vuelto a editar El artefacto perverso, de Hernández Cava y Federico del Barrio, lo cual es una razón como otra cualquiera para volver a leerlo veinte años después. La historia se desarrolla en la posguerra española. Un maestro represaliado por rojo intenta dibujar tebeos para sobrevivir. Un viejo camarada le busca para que intenta localizar a otro viejo camarada que ha empezado a actuar en plan guerrillero, hoy diríamos terrorista, por su cuenta. La historia policiaca en realidad es lo de menos. Lo importante es el retrato de la supervivencia de unos personajes que lucharon en el bando equivocado y que ahora son limpiabotas, camareros, proyeccionistas de cine o dibujantes de tebeos, y su desesperada y culpable necesidad de vivir.

El estilo es fundamental en este tebeo: al principio parece haber dos: el negro, en blanco y negro estricto, muy Alberto Breccia, magnífico, que narra la realidad, y otro más naif, línea clara, muy Roberto Alcázar, que es el tebeo dibujado dentro del tebeo, la ficción, valiente y luminosa.

Pero a medida que la historia avanza los estilos se confunden, posiblemente porque la realidad y la ficción nunca están tan separadas como nos gusta pensar. De hecho, las caras de algunos personajes, de perro, de felino, de zorro, nos invitan a pensar desde un principio en esta confusión de planos de realidad. El mejor Breccia aparece en los pinceles de del Barrio cuando hay que plasmar la locura….

Quizá parezca que he dicho mucho, pero en realidad no he dicho nada: lee, mira el tebeo, porque es, lo digo sin exageración, indescriptible.

Una obra maestra.

sábado, 4 de julio de 2015

Robocop

Leo Robocop, tebeo escrito por Steven Grant y dibujado por Juan José Ryp a partir del guion original de Frank Miller para la secuela de la película Robocop. No podemos saber lo fieles que han sido dicho a original, pero aquí está todo Miller: la violencia como espectáculo barroco; el sexo como mercancía; el catolicismo como dolor; la corrupción del poder; la basura como entropía social; la televisión, omnipresente y manipuladora; el villano enloquecido, degenerado, sádico; y la masa que todo lo llena y sirve de telón de fondo y de justificación al héroe, solitario, depreciado por el poder y masoquista hasta decir basta.  

Pues sí, Frank Miller en estado puro y contado por los dibujos de Ryp quien, contagiado por el horror vacui de Geof Darrow, llena las páginas de casquillos de bala, gente, sangre, cuerpos, girones, escombros, estallidos, llamaradas, televisiones, y cuanto uno pueda imaginar en un dinamismo delirante y perturbador.


Sin duda, un maravilloso atracón no apto para paladares delicados.