martes, 7 de abril de 2015

Guerrilla Girls

Veo en el Matadero una exposición sobre la obra de las Guerrilla Girls. Es gracioso, interesante, es posmoderno eso de la guerrilla urbana, y cachondo pensar lo que les joderá a los pijos de los neoyorkinos que los tachen de machistas, racistas y conservadores en general.

Pero son muy superficiales, porque todo su diagnóstico acerca de la diferencia enorme que hay entre la presencia del hombre blanco en el arte y la de mujeres y gente no blanca es que se debe únicamente a una especie de confabulación, de complot de los galeristas.

Hay discriminación, claro que sí, y prejuicios, pero ¿confabulación? No, no lo creo. Pienso que es aún peor: no hay un acuerdo entre los galeristas o los directores de los museos para excluir a unos u otros. Simplemente, se dejan llevar de sus prejuicios, de las costumbres, de los circuitos establecidos, de las reglas no escritas, de las relaciones de amistad, de los intereses económicos, y los excluyen.

Las teorías de la confabulación son contraproducentes porque simplifican el problema y hacen creer que es fácil de resolver, cuando no lo es. La culpa no es de unos cuantos hombres poderosos. Ni siquiera de los hombres como sexo. Es del sistema, de la especie, de la evolución, de la pendiente historia. Si queremos acabar con la discriminación no basta con señalar a un grupo de conspiradores: hay que entender cuánto hay de genético y cuánto de histórico en los prejuicios y realizar un enorme esfuerzo de civilización para neutralizarlos, y esto tanto en los que excluyen como en aquellos que se autoexcluyen por no sentir la motivación suficiente para entrar en el juego.

En cualquier caso, insisto, siempre es bueno que haya gente que toque las narices.

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