miércoles, 4 de junio de 2014

¿Monarquía?

Ante la abdicación del rey cabe una pregunta: ¿por qué no aprovechan para preguntarnos a los ciudadanos si queremos seguir con la monarquía o si, por el contrario, queremos pasar a la república?

Más allá de las muchas razones concretas y políticas que se esgrimen por ahí, hay una razón fundamental: la monarquía es esencialmente incompatible con cualquier tipo de pregunta porque, desde el mismo momento en que se acepta que es cuestionable, la monarquía deja de tener sentido. Me decía el otro día una amiga que si se hiciese un referéndum saldría a favor de la monarquía. Y es posible: seguimos siendo un país muy conservador, por no decir cobarde. Pero ese resultado lo único que haría sería retrasar lo inevitable dado que, si hoy nos planteamos la monarquía, también nos la podemos plantear mañana, pasado o dentro de cuatro años.

Claro, un sistema en el que la Jefatura del Estado se pone periódicamente en cuestión ya tiene nombre: república. Lo otro, que la Jefatura sea vitalicia y hereditaria, es otra cosa, es la monarquía, y debe ser incuestionable porque si no, ni vitalicia ni hereditaria.
No, nos pueden preguntar, saben que no nos pueden preguntar, porque eso es el principio del fin, es reconocer que puede terminar, que podemos pasar de ella.

Las razones que llevan a que presuntos socialistas defiendan la monarquía negándose a cualquier cuestionamiento son otra cuestión. Tienen que ver con el poder, con los intereses creados, con el detalle, con la realidad de este país sumido en la miseria.

Para terminar, quiero dejar clara mi posición. Me da hasta vergüenza decirlo, pero no hay que resistirse a decir la verdad cuando hace falta: la monarquía no es democrática, sencillamente porque escapa a la decisión de aquellos en quienes, teóricamente, reside la soberanía: la gente. No se trata, como pretenden algunos, de comparar dos sistemas políticos, de ver ventajas y desventajas; no se trata de que la república vaya a resolver más o menos problemas que la monarquía. Es algo mucho más básico: en la república la gente tiene el derecho de elegir a quienes han de ser las cabezas visibles del Estado. En la monarquía ese derecho se nos hurta.


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